Rawayana encontró el after en Santiago: dos noches, Arena llena y un Cibao que no quería sentarse

Si Rawayana llegó a Santiago preguntando “¿Dónde es el After?”, la respuesta quedó bastante clara: en la Gran Arena del Cibao.

La agrupación venezolana convirtió el recinto santiaguero en una enorme pista de baile durante dos noches consecutivas como parte de su “¿Dónde es el After? World Tour”. Las funciones del viernes y sábado terminaron a casa llena, dejando claro que por estos lados había público suficiente para recibir a Beto Montenegro y compañía no una, sino dos veces.

El concierto estuvo bajo la producción de Gamal Haché y reunió a una audiencia que llegó preparada para algo más que sentarse tranquilamente a mirar el escenario. La banda, integrada por Alberto “Beto” Montenegro, Antonio “Tony” Casas, Andrés “Fofo” Story y Alejandro “Abeja” Abeijón, presentó un espectáculo de más de dos horas que mezcló sus canciones con elementos audiovisuales, baile, interacción con el público y varios guiños bastante evidentes a República Dominicana.

Y cuando decimos bailar, no estamos hablando precisamente del clásico movimiento discreto desde la silla para no despeinarse.

En una de las funciones, la música comenzó alrededor de las 9:25 de la noche con “Soltero”, seguida por temas como “Bienvenidos a la tierra”, “Break”, “Naguará”, “Me pasa”, “La noche que no hubo Uber” y “Reyimiller”. A partir de ahí, la Arena del Cibao entró oficialmente en modo Rawayana.

La propuesta de la agrupación fue cambiando de ambiente durante la noche. Hubo canciones de su repertorio, momentos de interacción y hasta el ejercicio de “manifestación” que acompaña esta etapa de la gira.

Pero el momento en que el concierto decidió quitarse la corbata llegó con el escenario secundario.

Allí se armó el verdadero after.

Beto Montenegro asumió por momentos el papel de DJ, algunos fanáticos tuvieron la oportunidad de subir a bailar y comenzaron a aparecer canciones que cualquier dominicano reconoce antes de que termine el primer coro. Entre ellas estuvieron “Bajo mundo”, de Bulin 47; “Vale la pena”, de Juan Luis Guerra, y “El Tiburón”, popularizada por Proyecto Uno.

Es decir, Rawayana vino con su concierto preparado, pero entendió rápidamente una regla no escrita del entretenimiento dominicano: si usted está en una fiesta en República Dominicana y pone el tema correcto, el público hace el resto.

La conexión con el país tampoco se quedó únicamente en el repertorio. Durante el espectáculo, Montenegro reconoció abiertamente la influencia dominicana en la música de Rawayana y agradeció el apoyo que la agrupación ha recibido localmente. Diario Libre recogió una frase del vocalista que resume bastante bien esa relación: “Sin República Dominicana no haríamos el tipo de música que hacemos”.

Y por si dos noches llenas, un escenario convertido en discoteca y una sesión dominicana todavía no eran suficientes, también hubo espacio para karaoke, mensajes de amor proyectados en las pantallas y esa mezcla entre concierto y fiesta colectiva que caracteriza la actual puesta en escena del grupo. El Día destacó que el público permaneció eufórico durante prácticamente todo el espectáculo y que pasada la medianoche todavía pedía más.

El cierre incluyó canciones como “Como de sol a sol”, “Amor de contrabando”, “Inglés en Miami” y “Se vienen cositas”, después de una jornada en la que la banda pasó por diferentes sonidos, ambientes y estilos sin permitir demasiado tiempo para que los asistentes recuperaran las piernas.

Más allá del repertorio, las dos funciones también dejan otro dato interesante para el entretenimiento dominicano: Santiago continúa demostrando que puede responder a conciertos de gran formato.

Rawayana había anunciado originalmente su presentación para el 3 de octubre en la Gran Arena del Cibao, pero el resultado terminó siendo dos jornadas consecutivas con el recinto lleno. La boletería oficial llegó a mostrar agotadas las localidades disponibles para la función anunciada, incluyendo palcos, platea y Standing VIP.

Para una banda que llegó preguntando dónde estaba el after, parece que el Cibao se tomó la pregunta demasiado en serio.

Rawayana encontró fiesta, encontró público y, sobre todo, encontró una Arena del Cibao que durante dos noches estuvo bastante poco interesada en quedarse sentada.

Volver a noticias